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Punto de Paz: poner la mesa para la convivencia

En la Unidad 15 de Batán abrimos el primer restaurante restaurativo intramuros. No es solo un lugar donde se come bien: es una forma de demostrar que, aun en el encierro, se puede producir trabajo, dignidad y reparación.

Hay una pregunta que me persigue hace años: ¿qué hacemos con todo lo que una cárcel destruye? Nos formatearon para creer que el encierro es un punto final, un lugar del que no puede salir nada bueno. Y, sin embargo, dentro de los muros de la Unidad 15 de Batán, junto a la Cooperativa Liberté y a Víctimas por la Paz, decidimos desmentir esa sentencia cocinando.

Así abrimos Punto de Paz, en septiembre de 2022: el primer restaurante restaurativo intramuros de la Argentina. Donde el sentido común esperaba resignación, hay manteles, cartas de menú, personas cocinando con orgullo lo que saben hacer. Se paga por QR, como en cualquier restaurante de la ciudad. Y, sin embargo, no es un restaurante «como cualquiera»: cada plato que sale de esa cocina lleva adentro una decisión enorme, la de hacerse cargo.

Hablo de esto desde un lugar muy personal: yo también soy víctima de un delito. Lo digo porque desde ahí entiendo, en carne propia, lo que la reparación puede y lo que no puede hacer, y porque la justicia restaurativa no es para mí una teoría, sino el lugar desde donde elijo pararme.

Mi llegada a la cocina también tiene su historia. Años atrás, ya siendo abogada, atravesé una enfermedad que me llevó dos veces al borde de la muerte. Esa cercanía con el límite me cambió: quise otra relación con el disfrute y con la vida, correrme de la abogacía tal como la ejercía entonces para buscar algo más cercano a la humanidad. La vida giró y giró, y abrí mi propio restaurante.

Nunca imaginé adónde me llevaría. Porque las mesas, las sillas, los cubiertos, los platos, las ollas, las sartenes, las freidoras y el horno de aquel restaurante mío terminaron, años después, dando forma a Punto de Paz. Siempre quise que este lugar llevara adentro algo del disfrute del afuera: recordarles a las personas privadas de la libertad cómo era encontrarse en una mesa, elegir una comida, que te la cocinen y te la sirvan, disfrutar de esa convivencia tan simple y tan enorme.

Lo restaurativo de Punto de Paz no es un adorno. El excedente del trabajo de la cooperativa alimenta el Fondo de Ayuda a Víctimas (FAV): personas que ofendieron, reparando a víctimas con las que no tienen ninguna relación, elegidas por la propia comunidad. Es una responsabilización colectiva que me sigue emocionando, porque rompe la lógica binaria de buenos y malos. Acá nadie es igual al peor acto que cometió, y nadie está obligado a perdonar; pero a todos se nos ofrece la posibilidad de volver a tejer el vínculo con la comunidad que el delito había roto.

No quiero romantizar nada. La cárcel sigue siendo, como la llaman quienes la habitan, «el mismísimo infierno». Hay días de cansancio, de burocracia, de puertas que se cierran. Pero también está esta mesa, que cada vez que se pone vuelve a decir algo simple y enorme: que lo contrario a la inseguridad no es la seguridad, es la convivencia. Que se puede trabajar, producir, sostener a otro, incluso desde adentro.

Por eso cuido tanto este lugar. Porque me recuerda, todos los días, que la reparación no es una teoría: es una mesa servida, y la decisión de sentarse a compartirla.

Punto de Paz es un proyecto de la Cooperativa Liberté, en la Unidad 15 de Batán. Su historia completa, contada por la cooperativa, está en la nota oficial de Liberté.

Diana E. Márquez
Secretaria de la Cooperativa de Trabajo Liberté
Coordinadora Nacional de Víctimas por la Paz
Presidenta de la Sociedad Argentina de Justicia Restaurativa (SAJuR)

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